miércoles, 2 de enero de 2013
Memoria II
Habéis cazado alguna vez un jilguero? bueno, más que cazar.. atrapar. Sabéis cómo cantan? Los chiquillos del barrio donde vivía en Íscar solíamos hacerlo. Es un canto bastante particular, y los mayores (yo era de las pequeñas del barrio) los cazaban para ponerlos en jaulas y poder escucharlos cantar desde casa. No suelen durar más de una semana en cautividad, pero cuando eres pequeño, no entiendes lo que supone la palabra "cautividad" ni el hecho de que hay cosas que aunque desees, no puedes tenerlas todos los días ni tampoco de la manera que te apetece. Después entiendes que para disfrutar la esencia de muchas cosas, has de dejarlas libres. Volar. Ir y venir... aunque joda.
También aprendes, que si eres de las pequeñas y quieres jugar con los mayores, has de jugar como ellos, has de jugar como los mayores. Jugábamos al fútbol y sobre todo a "marro" como el béisbol pero sin bate (sí, con un balón de fútbol al que bateabas con tu brazo) en un descampado lleno de piedras y cardos, en el que por supuesto te caías. Los mayores son más fuertes, más rápidos, menos quejicas. No era Troya, pero casi, no jugaban con los quejicas o enclenques. Más tarde entiendes que un juego en equipo NO funciona si uno no tira, por muy grande o fuerte que sea el equipo. Si te caías, te levantabas, sangraras o no y más te valía correr más que el enemigo o ser más fuerte que él para aguantar el ataque. Yo siempre he sido muy enclenque y me desarrollé mucho más tarde que el resto de las chicas...(me bajó la regla con casi 16, algunas de mi clase ya habían tenido un aborto cuando yo ni siquiera había dado un beso a un chico) no fué precisamente fácil para mí, pero tienes dos opciones, espabilar y aprender o deprimirte y lamentarte de ti misma. Todavía tengo cicatrices en las rodillas de las caídas en ese terreno. Gracias a dios la fuerza que me faltaba físicamente, la tenía mentalmente. Hoy por hoy me hace gracia ver grupos de trabajadores, amigos o familias empeñados en tirar adelante con alguien quien causa tropiezos en el avance. Una cosa es apoyo y sostén en un momento de debilidad y otra no ser consciente de lo dañino y poco práctico que es tener una manzana podrida en el cuenco de la fruta.
Habéis trepado alguna vez un pino? qué bien huelen eh?! casi casi tan bien como las higueras. Sabéis la diferencia entre subir directamente a la cima y la de trastear por las ramas bajas? Cuando subes arriba del todo directamente, sobretodo si no conoces el árbol, en cuanto llegas a un punto alto, cedes y normalmente te caes... las ramas de la cima no son fuertes y una persona es muy pesada para ellas. Si quieres que el juego de subir a un árbol dure lo suficiente como para entretenerte y disfrutar sin que te resulte aburrido demasiado pronto, has de subir despacio e irte por los laterales, a modo de espiral ascendente. Además, puedes ver un nido de pájaros en un lateral y en el otro puede haber un nido de orugas... si subes directamente, te habrías perdido eso. Si te acercas mucho a las orugas, puedes tener resquemor por el resto de la semana, si vas con prisa o no andas con cuidado y respetando el árbol, te caerás o te arañarás con las ramas. Una vez que asimilas qué es observación, respeto, paciencia y constancia la vida es mucho más fácil. Una última cosa.. has de ser LIGERO si quieres llegar a la cima. Por eso siempre comparo el viaje a través de la vida con la idea de trepar un árbol.
Vosotros habéis sido populares en el instituto? Yo no. No era de las guapas, tampoco de las empollonas, tampoco de las "chungas" aunque dependiendo del grupo que te mirara a tí eras chunga o empollona o una estirada. Qué ridiculez. Todas andaban con chicos, o detrás de alguno, o podían permitirse el lujo de llevar escote a clase (mi madre me habría metido un soplamocos) La verdad es que yo pasaba de chicos, me gustaban bastante más mayores de los que tenía en clase, y tampoco tenía mucho interés en ser la popular o llamar la atención masculina. Casi todos me parecían arrogantes y maleducados. No fue una etapa "buena", pero digamos que no fue muy mala. Mis hermanos ya llevaban varios años viviendo fuera de casa, yo acababa de dejar el pueblo (mis padres se divorciaron) y la vida en la ciudad sola con mi madre no había sido bien acogida por mi cerebro. Tenía archivos más importantes que resetear antes de meter otros nuevos como por ejemplo: "chicos".
Como ya he dicho yo me desarrollé muy muy tarde. Mi padre me decía que era una "nada-dora" nada por delante- nada por detrás, que no me vistiera de rojo que parecía un arañazo, y sobre todo me decía que tenía más esquinas que un saco de leña. No lo decía en plan ofensivo, estoy segura que en realidad estaba agradecido. Como siempre dice: "tiempo al tiempo y cada cosa en su momento" No había prisa por hacer a su hija atractiva... Muchos veranos he trabajado con él. Ahí te plantas tú: una mona de mierda con 15 años metida en obras rodeada de maromos. Mi padre era el pintor o entre los habituales "el asturiano". Siempre me dijo que no mirara directamente a los ojos, algunos lo interpretarían como una ofensa, otros como algún tipo de seducción. "Eres demasiado joven y soberbia aún, esto es la selva y tus ojos te bailan en la cara...procura no levantarlos de la brocha. Haz lo que yo y sólo yo te diga y no discutas" ,"no entres en polémica con ellos, son hombres mayores y testarudos que siempre creen tener la razón" "aunque tengas razón te callas, por respeto" He pasado demasiado tiempo rodeada de hombres de obra, comiendo, trabajando, viendo los toros, el fútbol... eso suponía el dinero de verano: aguantar a los carcas de turno, aprender a callar y a no tomar demasiado en serio lo que digan, siempre pegada a mi padre. Nunca, absolutamente nunca, llevar ropa de mi talla, siempre bien ancha y vieja, nada de ir mona al trabajo. Más tarde descubres el poder que supone ser mujer. Especialmente con hombres más mayores. Quizá por eso nunca me gustaron los del instituto.
Con tiempo mi padre ya me dejaba discutir con ellos, disfrutaba viendo como les toreaba, como les metía el dedo en el ojo cuando veían algún partido. Podía verle reírse al fondo del bar, aunque también se reía cuando me daban cera a mí. Me estaba enseñando como sobrevivir en la selva y lo que pasaba si te pasabas de lista o de bocazas. Yo no era consciente, ni tampoco de lo cruel y dañina que puede una persona irresponsable.
Ya sabía al menos como "sobrevivir" en la selva, más tarde a "vivir" en ella. Pero me quedaba por descubrir aún la ciudad: bienvenida al mundo femenino.
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