jueves, 16 de enero de 2014

Cuánto puede cambiarte la vida una persona?

Cuánto puede cambiarte la vida una persona? 

Cuando digo que tú eras especial suena a tópico, pero es que de verdad lo eras. El mundo te negaba, intentaba cambiarte y he de reconocer que yo al principio también,  pero nunca pude imaginar que alguien como tú pudiera cambiarme la vida del modo que tu lo hiciste.

Digo que sobraban las palabras, otro tópico, pero sobraban de verdad porque no podían salir por tu boca. Se quedaban perdidas en algúna parte de tu pequeño cerebro. Pero con el tiempo aprendí a entenderte sin necesidad de escuchar una sola palabra y entonces empezaste a cambiar mi vida.

Eras tan especial que tú y sólo tú sabías cuando algo no iba bien dentro de mí pasando por alto mis esfuerzos por sonreír. Simplemente lo sabías y venías a besarme, a abrazarme.  Recuerdo cuando venías a sentarte en mis piernas, me agarrabas la cara con tus manitas mientras las chispas de tus ojos azules me miraban fijamente. Entonces juntabas tu nariz con la mía y sencillamente te echabas a reír.  Te reías a carcajadas sin parar hasta que me hacías reir y después saltabas corriendo a algún lugar provocándome hasta que me hacías levantar e ir detrás de tí mientras chillabas algo del Dr Seuss. También me acuerdo cuando simplemente venías a darme la mano y tirabas de mí hasta que me hacías correr para seguir escuchando tu risa y encontrar la paz en tu mirada.

Dicen que los niños autistas no tienen contacto visual, pero cual abeja desafiante a la física,  a tí te daba igual. Eras una personita extremadamente fuerte e inteligente. Ilusa yo, empeñada en "enseñarte" a hablar, vestirte, y escribir.  No pude ver que simplemente eras un soñador en el planeta equivocado. 

Cuánto puede cambiarte la vida una persona? Y un niño?

Gracias a tí he aprendido eso que Santa Teresa dijo una vez sobre que los niños eran los mejores maestros.  Gracias a tí ya no me quejo por estupideces porque aún tengo grabado a fuego el sonido de tu cráneo cayendo a cuajo contra el suelo cada vez que tenías tus ataques. Y yo preocupándome de alguien que me borró del Facebook. Me has hecho paciente, llorica, madre y fuerte. Mucho más fuerte.
  Me despertaste del patetismo de la quejumbre.

Eras especial porque nunca me juzgaste, ni en mis logros, ni en mis caídas.  Contigo era libre,  por que tampoco conocías la envidia.

A veces me llamabas mamá y otras, borracho de frustración me pegabas. A veces te dormías en mi pecho y otras me chillabas. Nunca me preguntaste ni esperaste nada de mí. Simplemente siempre estabas ahí. 

Simplemente éramos. Como cuando te necesitaba para cogerte de la mano y pasear por el parque.

Mentiría si dijera que nunca he pensado en dar todo mi reino por pasar unas horas dentro de tu cabeza. No puedo calcular las veces que he intentado adivinar tus pensamientos. Me siento culpable de que tú me conocieras más que yo a tí.  Me siento culpable de que yo te necesitara más que tú a mí. 

Sólo puedo decirte gracias por pasar por mi vida. Gracias por abrir mi corazón, mi mente, mi alma.  Eras sólo un niño pero eras tan grande que mi vida parecía ridícula,  eras pequeño pero te marchaste dejando un hueco enorme. Seré egoísta y diré que no quería que te marcharas. Te extraño mucho. Te extraño como se extrañan los hermanos. Demasiado.

Pero sé que necesitabas irte. Se que estabas harto de que todo el mundo intentara "curarte" y a pesar de que te extraño con toda mi alma, a pesar de que todavía lloro tu ausencia a escondidas, me alegra que te hayas ido a buscar tu paz. Espero que estés muy lejos de nuestra podrida sociedad y lejos de tu enfermedad.

Pero si hay algo con lo que me quedo y nadie puede quitarme es la canción de tu risa y la madurez de tus ojos.

He tardado 5 meses en hablar de tí, pero hoy por fin lo he vomitado.
R.I.P Charlie. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario